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Las Tic's en la Educación

miércoles, 23 de mayo de 2007

Disfruta la Lectura

Farsa infantil de la cabeza del dragón

(Escena tercera)

(En un jardín del palacio del Rey Micomicón, jardín con rosas y escalinatas de mármol, donde abren su cola los pavos reales. Un lago y dos cisnes idénticos. En el laberinto de mirtos, al pie de la fuente, está llorando la hija del Rey. De pronto se aparece a sus ojos, disfrazado de bufón, el príncipe Verdemar.)

El príncipe Verdemar.- ¡Señora Infantina!

La Infantina.- ¿Quién eres?

El príncipe Verdemar.- ¿por qué me preguntas quién soy cuando mi sayo a voces lo está diciendo? Soy un bufón.

La Infantina.- Me cegaban las lágrimas y no podía verte. ¿Qué quieres, bufón?

El príncipe Verdemar.- Te traigo un mensaje de las rosas de tu jardín real. Solicitan de tu gracia que no les niegues el sol.

La Infantina.- EL sol va por los cielos, mucho más alto que el poder de los reyes.

El príncipe Verdemar.- El sol que piden las rosas es el sol de tus ojos. Cuando yo llegué ante ti, señora mía, los tenías nublados con tus lagrimas.

La Infantina.- ¿Qué pueden hacer mis ojos so no llorar?

El príncipe Verdemar.- Por unos soldados supe de tu desgracia, señora Infantina. Dijeron también que estabas sin bufón, y aquí entré para merecer el favor de servirte. Ya sólo para ti quiero agitar mis cascabeles, y si no consigo alegrar la rosa de tu boca, permíteme que recoja tus lágrimas en el cáliz de esta rosa.

(De un rosal todo florido y fragante que mece sus ramas al viento, el príncipe Verdemar corta la rosa más hermosa y se la ofrece a la Infantina, arrodillado ante ella).

La Infantina.- ¿Para qué?

El príncipe Verdemar.- Para beberlas.

La Infantina.- ¿Has probado alguna vez las lágrimas, bufón? ¡Son muy amargas!

El príncipe Verdemar.- Divino licor para quien tiene por oficio decir graciosas ocurrencias.

La Infantina.- Pero ¿en verdad eres lo que representa tu atavío?

El príncipe Verdemar.- ¿Por qué lo dudas?

La Infantina.- Porque tienen tus palabras un son lejano que no cuadra con tu caperuza de bufón- ¿Hace mucho que llevas los cascabeles?


El príncipe Verdemar.- Desde que nací. Primero me cantaron en el corazón; después floreciendo en mi caperuza.

La Infantina.- Yo tuve un bufón que me abandonó hace poco. No se parecía a ti.

El príncipe Verdemar.- Todos los bufones somos hermanos, pero una misma canción puede tener distintas músicas. ¿Quieres tomarme a tu servicio, gentil señora? Mis cascabeles nunca te serán inoportunos. Si estás alegre, replicarán gloria; si triste, doblarán a muerto. Los gobernaré como gobierna las campanas un sacristán.

La Infantina.- Poco tiempo durarías a mi servicio.

El príncipe Verdemar.- ¿Poco?

La Infantina.- Si conservas esta rosa, puede durar más tiempo en tus manos. ¡Hoy es el día de mi muerte! Para salvar el reino debo morir entre las garras del dragón.

El príncipe Verdemar.- conservaré la rosa hasta mañana.

La Infantina.- Bufón mío, prométeme que irás a deshojarla sobre mi sepultura.

El príncipe Verdemar.- Tú no morirás, Infantina. Mañana cortarás en este jardín otra rosa para tu bufón, que te saludará con la más alegre música de sus cascabeles de oro.

La Infantina.- Aunque esté bajo tierra, creo que los oiré. ¡Qué divino son tienen tus cascabeles!

(Se va la Infantina y el príncipe Verdemar la mira alejarse por los tortuosos senderos del laberinto, como perdida o encantada de él.

El príncipe Verdemar.- ¡Princesa de mis sueños, moriré en el intento o triunfaré sobre el dragón!

(En el fondo excavado de un viejo roble, canta el duende).

Duende.- ¡Me diste libertad, mi paloma real!

¡Paloma que vuelas tan alto,

sin miedo del gavilán!

El príncipe Verdemar.- ¡Ha! ¡El duende! Lo llamaré en mi auxilio. Afortunadamente, conservo el anillo que me dejó cuando le abrí la puerta del torreón.

Duende.- Aquí estoy, príncipe mío. ¿Qué deseas?

El príncipe Verdemar.- Tu ayuda para triunfar sobre el dragón.

Duende.- Ven conmigo. Tendrás la espada de diamante. (Salen).




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